Un cristianismo artificial

Nuestro mundo se ha convertido en un mundo artificial, en donde todo es light, tecnológico, falso, superficial. La velocidad y la apariencia, acompañada de las tecnologías, ha deshumanizado las relaciones personales, las cuales son vacías, superficiales, hipócritas y dominadas por todo un sistema mercantil y persuasivo. Nadie escapa a un estilo de vida fundamentado en todo lo que es falso y aparente. En el mundo de hoy lo más importante no es la calidad, sino la cantidad, la rapidez,  la comodidad, el “tener” más que el “ser”, el recibir más que el dar, y la soledad más que la compañía. Todo esto ha matado el amor.

Este espíritu de artificialidad e hipocresía ha forjado una existencia en donde los valores se han perdido, y la deshumanización ha destruido las relaciones personales para dejarnos solos, a la intemperie de un mundo mercantilista y materialista. Lo triste no es que vivimos en un caos de antivalores en una vida envuelta de distracción y consumismo. Lo peor de todo es que este espíritu diabólico ha invadido a las iglesias cristianas, en donde deberíamos de ser más humano, solidario, espontáneo y sincero.

¿En qué me fundamento para afirmar que nuestro cristianismo es artificial? En los hechos existentes en las iglesias. En la gran mayoría de las congregaciones no se busca la calidad humana, sino la cantidad de gente. No se predica para edificar y confrontar al ser humano con su pecado, sino para entretenerlo y hacerlo sentir bien, creyendo que somos buenos con lo que damos o hacemos. No se da para compartir con los que menos tienen (2 Corintios 8:14), sino para acomodarnos y hacer que los líderes vivan como magnates. Todo el culto se ha convertido en una expresión artística, previamente programada, en donde no cabe ni la espontaneidad, ni el compartir libremente entre unos y otros, porque el Espíritu está atado al programa (2 Corintios 3:17).

Recientemente tuve una de las muchas experiencias que pudiera relatar en cuanto a la decadencia espiritual de los cultos, los cuales se han vuelto artificiales, y sin contenido ni expresiones espontáneas. Estábamos en un funeral e íbamos a celebrar el culto final, pero como los músicos no habían llegado, y el equipo no funcionaba, se demoró el devocional, porque carecíamos de micrófonos e instrumentos para cantar. En la gran mayoría de las iglesias, para poder cantar al Señor, se necesita un volumen fuerte, con un coro e instrumentos que dirijan la adoración. Cierta vez en nuestra iglesia, mientras estábamos en el devocional, se fue la energía eléctrica,  entonces el que presidía el culto dejó de cantar y dijo: pasemos a los anuncios en lo que resolvemos el problema de la energía eléctrica. ¿No refleja esta actitud que somos esclavos de la tecnología, y nuestra adoración es un tanto artificial? Si cantar es adorar a Dios, ¿no lo podríamos hacer a capela? En la época de Jesús ni habían instrumentos, ni energía eléctrica, sin embargo la iglesia primitiva cantaba y adorada al Señor con todo su corazón. San Pablo cantaba en la cárcel de Filipo, (Hechos 16:25) y no tenía músicos consigo.

La Biblia recomienda que todo lo que hagamos debemos de hacerlo sin fingimiento (Romanos 12:9). No debemos dejar que la comodidad y la tecnología estorben nuestro espíritu de adoración y de servicio a los demás. No debemos permitir que para atraer a las personas, que supuestamente se creen creyentes, montemos un espectáculo artístico, acompañado de efectos especiales de luces, para producir emociones carnales, que no nacen de lo profundo del espíritu. Vivamos un cristianismo real, no forjemos una vida espiritual con bases de emociones artificiales.

mariofumero@hotmail.com
www.contralaapostasia.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *