Reflexiones pastorales sobre la violencia interna en los Estados Unidos de América

La primera semana de agosto de 2019 ha sido fatal debido a la violencia interna expresada por dos personas con armas de fuego en los dos ataques a civiles en El Paso, TX y Dayton, OH. Esta realidad exige una reflexión pastoral sobre el tema.

Los actos de violencia interna cometidas en El Paso y Dayton son parte de “La cosecha el imperio” que experimentamos dentro de los EUA. Hace años, Juan González publicó su libro “La cosecha del imperio” refiriéndose a la inmigración latinoamericana a los EUA como un resultado de sus políticas foráneas a Latinoamérica (libro de lectura obligatoria para comprender por qué los latinoamericanos migran a los EUA). Me parece que ese concepto se aplica también a la violencia que se experimenta internamente hoy en los EUA.

Los EUA es una de las naciones que más exporta armas al mundo y promueve la compra de armas domésticamente. Además, los EUA han realizado intervenciones militares en distintas partes del mundo donde la presencia militar ha sido objeto de crítica por excesos en sus funciones. Todas estas intervenciones han sido para defender y expandir los intereses ideológicos y económicos de la nación estadounidense y no tanto para defender a las naciones afectadas por los países intervenidos como se pretendió sugerir. Es decir, las armas y la violencia de ellas, que fueron usados como medios para justificar y conseguir lo que la codicia apeteció, ahora se vuelve en contra dentro de los EUA como violencia interna.

La ideología de la supremacía blanca sobre los otros grupos étnicos se expresa de diferentes formas tales como la violencia psicológica, física y mortal con las armas, tal como pasó en El Paso y Dayton; y el lenguaje de odio que fomenta la intolerancia y la violencia. Quienes se creen superiores racialmente emplean la violencia para eliminar a quienes consideran una amenaza a la continuidad de su supremacía (porque para el 2040 los anglosajones dejarán de ser mayoría en los EUA). El rechazo a los inmigrantes con expresiones despectivas como “que vuelvan al país de donde vinieron” es una forma de violencia. Otra forma peor es ejecutar deportaciones ilegales y eliminarlos por medio de ataques masivos con armas de fuego como fue en El Paso.

Me parece que se sembró violencia internacionalmente y se está cosechando violencia internamente. Y, los sectores más vulnerables internamente somos quienes recibimos estos ataques, los grupos minoritarios, inmigrantes, latinos, etc. Esto exige, tanto un replanteamiento sobre la política foránea de los EUA para detener sus políticas intervencionistas, de envío de fuerzas militares y armas a otros países, así como también política doméstica que promueva la paz y la concordia. Como Iglesia tenemos que promover la paz y trabajar como constructores de paz (Mt. 5,9) en medio de una cultura de violencia promovida por el mismo Estado.

Estamos convencidos que el envío de fuerzas militares y armas, no construye la verdadera paz, porque la verdadera paz es resultado de la justicia social y la reconciliación entre los sectores sociales. La paz en la ciudad no se construye por medio de armas en nuestras casas, sino por medio de un cambio de mente y de corazón. Es decir, con educación y un cambio a una cultura de paz. Las enseñanzas del evangelio de Cristo tales como el respeto, la tolerancia, la libertad, la diversidad y la defensa y protección de los grupos vulnerables, la paz y la reconciliación es necesario en todas las esferas de las relaciones sociales.

Como pastores y pastoras, como líderes religiosos debemos preguntarnos si nuestro discurso religioso promueve estos valores o promueve el rechazo y el odio. O si nuestras iglesias son espacios de educación para la paz y la reconciliación o se alimenta un sentido de guerra y violencia religiosa. O si estamos promoviendo la diversidad y tolerancia en nuestro medio o estamos defendiendo nuestras ideologías e imponiendo nuestra cultura sobre los otros. “Bienaventurados/as quien buscan y trabajan por la paz”.

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