ENTREVISTA CON OSVALDO MOTTESI

¿Qué lo motiva a escribir sobre la predicación?

Desde mi entrega a JesuCristo, cuando era un adolescente, sentí pasión por compartir lo que había experimentado. Una manera fue y sigue siendo la predicación. Primero fue al “aire libre” en las plazas de Buenos Aires y como joven evangelista de los movimientos “Juventud para Cristo” y “Evangelismo a Fondo” en diversos países latinoamericanos. Luego, desde mi primer pastorado hasta hoy, sigo apasionado por la predicación. Aunque mi área primaria de enseñanza son los asuntos relativos a “religión y sociedad”, la predicación y otros temas de la teología pastoral han ocupado buena parte de mi ministerio. Desde mis comienzos he procurado capacitar a hombres y mujeres en la predicación. Por lo tanto, escribir sobre el tema ha sido resultado de esta vocación.

¿Cuántos libros ha publicado durante su ministerio?

Predicación y misión fue el primero. Es un texto didáctico sobre la predicación pastoral. El éxito de su primera edición de 1989, hizo necesarias ocho reimpresiones a través de los años. Al solicitarse una novena, decidimos producir otra edición actualizada. Allí, además de revisar todo el contenido, agregamos dos capítulos sobre la posmodernidad y sus desafíos a la predicación.

El segundo es Historias que hacen historia. Jesús en Jerusalén. Además de un par de secciones iniciales sobre la predicación contemporánea, es una colección de once sermones cristonarrativos sobre los grandes eventos de la Semana Santa. Dado que he predicado en 27 de estas semanas en Puerto Rico, lo dediqué a sus amadas iglesias.

La tercera publicación es El manifiesto del Reino. Reflexiones en misión, sobre la misión. Si no apareció ya, está por aparecer estos días. Como lo apunta el subtítulo, son reflexiones sobre la misión cristiana, surgidas a través de mi ministerio de enseñanza. Seis de mis ex estudiantes me han honrado al prologarlo y comentarlo.

Estoy trabajando en un cuarto título: Monte y misión. Claves para un mundo nuevo. Es una serie de reflexiones sobre las bienaventuranzas, que intentar rescatar la mística misionera del Sermón del Monte y ser de lectura inspiradora para todo el pueblo de Dios.

¿Hay crisis en el púlpito contemporáneo?

La predicación hace o deshace una iglesia. La salud de toda comunidad de fe depende de una predicación bíblica en su fondo y forma, y a la vez atractiva y entendible, pertinente y persuasiva, enfocada y propuesta a satisfacer las reales necesidades humanas.

Estoy convencido que, en un sentido, siempre el púlpito ha estado, está y estará en crisis. Una crisis producida por la tensión permanente entre su ser y su deber ser, entre su realidad en cada época y su ideal como ministerio. Quienes predicamos necesitamos vivir esta tensión de manera positiva y como un desafío constante de parte de Dios, para ser siervos y siervas fieles y fructíferos.

¿Cuáles son los distintivos de un predicador o predicadora del evangelio?

Pienso en cuatro requisitos ineludibles en todo tiempo y contexto. Predicar demanda unción espiritual, pues este ministerio es resultado de un doble don de la gracia de Dios, quien nos escoge y capacita para exponer La Palabra, y quien nos unge en el Espíritu -nos energiza y dinamiza espiritualmente- para que esa exposición humana se haga palabra contemporánea y contextual de Dios.

Predicar demanda fidelidad absoluta a la Biblia, la Palabra antigua que es la eternamente contemporánea revelación del Señor, autoritativa en materia de fe y misión.

Predicar requiere sensibilidad hacia el mundo que hoy nos rodea. Este es nuestro contexto ineludible, un gran desafío con todas sus luces y sombras, virtudes y mediocridades, aciertos y paradojas.

Predicar requiere humildad, porque la predicación es una acción por naturaleza insensata. El apóstol Pablo comenta con honestidad despiadada, que Dios lo exhibió públicamente como a un insensato (1Co 4:9-10).

¿Está la iglesia contemporánea cumpliendo con la misión bíblica encomendada?

La iglesia es un pueblo universal y extraordinariamente diverso. Evaluarla cualquiera de sus expresiones desde nuestra perspectiva tan particular, es emitir juicios que solo corresponden al Señor. Prefiero afirmar lo que sí toda iglesia debe procurar ser y hacer siempre.

La razón de ser de la iglesia es dialogar con Dios, caminar según su voluntad y servir de acuerdo a Su Palabra. Es ser una comunidad comprometida de discípulos y discípulas que viven en comunión con el Padre, a través del Hijo y en el poder del Espíritu; que testifica la realidad nueva del Reino de Dios en toda la tierra; que están sujetos, sometidas a la enseñanza guiadora de la Palabra de Dios; y que demuestran el amor divino en el servicio incondicional a toda la humanidad. La iglesia vive en la necesidad continua de “crecer en todo”, a la luz de la exhortación paulina: “Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Ef 4:15).

Quiera Dios encontrarnos siempre siendo y haciendo lo que espera de nosotros.

¿Qué diferencias existen entre la iglesia hispana de Estados Unidos y la de América Latina?

Aunque somos fruto de una misma realidad cultural y mayormente lingüística, existen diferencias. Estas surgen por los distintos desafíos que los diferentes contextos étnicos y religiosos nos presentan. Esto lo puedo ilustrar con mi propia biografía.

Mi esposa Beatriz y yo nacimos en Buenos Aires, Argentina, cuando nuestra patria tenía sólo una población evangélica del 4 o 5%. Lo mismo nos ocurrió cuando vivimos como  misioneros en Colombia y Costa Rica. Es decir, experimentamos el ser, en los tres países latinoamericanos, miembros de una minoría religiosa. Más tarde, al venir a servir en Estados Unidos, pasamos a ser parte de la mayoría religiosa evangélica, pero de la minoría étnica hispana. Esta es una experiencia común de la primera generación de la hispanidad.

El desafío para la iglesia al sur del Río Grande es ser una minoría espiritual que se constituya en movimiento transformador -en el poder del evangelio- de la sociedad latinoamericana. Lo mismo en cuanto a la iglesia hispana en este país, pero nuestro desafío es doble: ser no sólo luz y sal de la sociedad, sino también de la iglesia. El pueblo inmigrante hispano necesita del evangelio y esa necesidad es nuestro blanco primario. Pero además, las iglesias establecidas necesitan el fervor misionero que nuestro movimiento de iglesias de inmigrantes es llamado a contagiarles.

¿Cómo deber ser la iglesia en los tiempos actuales?

Iniciamos hace ya casi dos décadas el siglo veintiuno, el tercer milenio. Estamos viviendo la hora penúltima de la historia. La hora última será la de Dios. Esta es el tiempo cuando el Señor quiere hacer su historia a través de su iglesia en el mundo entero. Por eso esta es hora de oportunidades y desafíos. Tiempo para la reflexión profunda, el arrepentimiento genuino, la renovación transformadora, la movilización total, y la misión integral.

Esta es la hora de la misión, viviendo en la realidad y la esperanza del Reino, bajo la soberanía total de JesuCristo y en el poder irremplazable del Espíritu Santo.

¡Qué glorioso es vivir en este tiempo! ¡Qué privilegio es ser parte de esta misión! ¡Vivámosla para la gloria de Dios! Ese es mi deseo y mi oración.

El Dr. Osvaldo Mottesi es Catedrático Emérito de Religión y Sociedad del “Northern Theological Seminary” en E.U.A. Ha sido y es profesor visitante en instituciones de varios países. Obtuvo el “Theologiae Magistrum” de Princeton Theological Seminary (EUA) y el “Doctor of Philosophy” en Etica Social de Emory University (EUA). Hizo  estudios postdoctorales en Princeton University y Oxford University (Inglaterra).

Osvaldo comenzó su ministerio en Buenos Aires, su ciudad natal, como pastor de una congregación urbana. Él y su esposa Beatriz fueron misioneros latinoamericanos pioneros. Primero fue desde Colombia, como evangelistas para todo el continente. Luego en Costa Rica, por casi una década, en la docencia y el decanato en el Seminario Bíblico Latinoamericano (hoy UBLA). Más tarde, Osvaldo fue docente en la facultad de Northern y -a la vez- fundador y director de su Programa Hispano.

Toda esta labor ministerial fue compartida con un intenso ministerio de predicación en todo el mundo de habla castellana. Osvaldo fundó y preside Ministerios de Transformación, una ONG al servicio de la evangelización, edificación, y renovación transformadora de la iglesia, cuyo órgano informativo es la Red Cristiana Radical (www.redcristianaradical.org). Está casado con Beatriz Pluis-Mottesi. Esta unión ha sido bendecida con tres hijos y cuatro nietos. Todos residen y sirven al Señor en Carolina del Norte, E.U.A. Osvaldo, está dedicado en la actualidad mayormente a labores literarias, pero continua  muy requerido como predicador y conferencista, maestro en áreas de su competencia, y asesor en plantación de iglesias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *