En búsqueda de la excelencia

En treinta años de docencia universitaria, confieso que no pierdo la ocasión para conversar con mis alumnos sobre temas de autoestima y superación personal. Por ejemplo, comento la definición que nos da Miguel Ángel Cornejo y Rosado sobre el hecho de ser excelente. La cual explica así: “Ser excelente es hacer las cosas, no buscar razones para demostrar que no se pueden hacer. Es comprender que la vida no es algo que se nos da hecha, sino que tenemos que producir las oportunidades para alcanzar el éxito. Es comprender que: en base a una férrea disciplina, es factible forjar un carácter de triunfadores. Es trazarse un plan y lograr los objetivos deseados a pesar de todas las circunstancias”.

“Ser excelente es saber decir: Me equivoqué y proponerse no cometer el mismo error. Es levantarse cada vez que se fracasa, con un espíritu de aprendizaje y superación. Es reclamarse a sí mismo el desarrollo pleno de nuestras potencialidades buscando incansablemente la realización. Es entender que a través del privilegio diario de nuestro trabajo podemos alcanzar la realización. Ser excelente es ser creador de algo: un sistema, un puesto, una empresa, un hogar, una vida. Es ejercer nuestra libertad y ser responsables de cada una de nuestras acciones”.

“Ser excelente es sentirse ofendido y lanzarse a la acción en contra de la pobreza, la calumnia y la injusticia. Es levantar los ojos de la tierra, elevar el espíritu y soñar con lograr lo imposible. Es trascender a nuestro tiempo legando a las futuras generaciones un mundo mejor. Ser líder de excelencia de esta talla son los que necesita el mundo y los reclama Dios”. O bien me refiero al principio del kilómetro extra en palabras de Lee Iaccoca, al expresar que existen tres tipos de empleados en las empresas, dos de los cuales no son de utilidad. “Están -dice-, los empleados que no hacen los que le pides que hagan, debes deshacerte de ellos inmediatamente”.

“Están los empleados que solo hacen lo que les pides que hagan, de esos, también te debes deshacer. Los únicos empleados a los que debes mantener en tu empresa, son aquellos que siempre hacen más de lo que les pagan por hacer. Y justamente estos últimos son los que se distinguen de todos los demás y se vuelven indispensables porque dan siempre un esfuerzo extra”. Finalmente, el primer día de clase, me refiero al tema del maestro y el 5%, en el que trazo las metas por alcanzar.

Se trata de un relato presentado por un alumno universitario de la clase de Derecho Comparado en la Facultad de Leyes, después de las vacaciones de Semana Santa. Como la mayoría de sus compañeros había viajado aprovechando el feriado prolongado, todos estaban ansiosos para contar las novedades a los compañeros y la excitación era general.

“Un viejo profesor entró en el salón e inmediatamente percibió que tendría trabajo para conseguir silencio. Con gran dosis de paciencia intentó comenzar la clase, ¿tú crees que nos callamos?, ¡nada!”. Con cierta vergüenza, el profesor volvió a pedir silencio educadamente. No resultó, ignoramos la solicitud y continuamos firmes con la conversación. Ahí fue donde el profesor perdió la paciencia y nos retó, como nunca vi antes. Levantando la voz dijo: “Presten atención porque voy a hablar esto por única vez”. Un silencio de culpa se instaló en todo el salón. El profesor continúo: “Desde que comencé a enseñar, hace ya muchos años, descubrí que nosotros los profesores, trabajamos con el 5% de los alumnos de una clase”.

“En todos estos años observé que de cada cien alumnos, apenas cinco son realmente aquellos que hacen alguna diferencia en el futuro, apenas cinco se vuelven profesionales brillantes y contribuyen de forma significativa para mejorar la calidad de vida de las personas. El otro 95% sirve solo para hacer volumen. Son mediocres y pasan por la vida sin dejar nada útil. Lo interesante es que este porcentaje vale para todo el mundo. Si ustedes prestan atención notarán que de cien profesores, apenas cinco son aquellos que hacen la diferencia”.

“De cien camareros, apenas cinco son excelentes; de cien choferes, apenas cinco son verdaderos profesionales; y podría generalizar más: de cien personas, apenas cinco son verdaderamente especiales. Claro que cada uno de ustedes siempre puede elegir a cual grupo pertenecerá. Gracias por la atención y vamos a la clase de hoy”. Ni sería preciso decir el silencio que se hizo en la clase y el nivel de atención que el profesor consiguió después de aquel discurso. El reto nos tocó a todos, pues mi curso tuvo un comportamiento ejemplar durante todo el semestre. ¿Al final a quien le gustaría ser clasificado como parte del montón?”.

“Hoy no recuerdo muchas cosas de la clase, pero del reto del profesor nunca más me olvidé. Para mí, aquel profesor fue uno de los 5% que hicieron la diferencia en mi vida. De hecho, percibí que él tenía razón y, desde entonces he hecho todo para estar en el grupo de los 5%, pero, como dijo él, no hay como saber si estamos yendo bien o no, solo el tiempo dirá a qué grupo pertenecemos. Sin embargo, una cosa es cierta: si no intentamos ser especiales en todo lo que hacemos, si no intentamos hacer todo lo mejor posible, seguramente estaremos en la clase del resto”.

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