Cuatro consejos pastorales para los inmigrantes

La Biblia está repleta de historias de inmigrantes y relatos de migración. De hecho, muchos de los personajes famosos en la Biblia fueron migrantes: Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Jesús, José y María, Pablo y otros. Moisés migró de Egipto al desierto para salvar su vida, Daniel migró a Babilonia forzosamente al vendido como esclavo, Ruth migró para acompañar a su suegra, Jesús, María y José migraron a Egipto escapando de la matanza de niños para salvar la vida del niño Jesús, etc. El espacio que tenemos es corto, pero nos permitirá referir a cuatro cosas que son muy importantes para la vida del inmigrante

 

Primero, la persona migrante tiene que saberse y sentirse que tiene derecho a migrar a otra ciudad o país para trabajar y mantener a su familia. Hay que verse con dignidad y valor porque migrar es uno de los derechos humanos reconocidos por la ONU. Es necesario afirmar esto porque el ambiente social y político en el que vivimos, muchas veces usa un vocabulario despectivo, irrespetuoso, denigrante y humillante; y el migrante puede sentirse desvalorizado e incluso un criminal. Pero, desde la perspectiva humana y cristiana, el migrante tiene valor y dignidad, porque migrar y trabajar para vivir y mantener a su familia no es un delito. De hecho, Dios nos creó para poblar la tierra y trabajar (Gén. 1,28; 2,15).

 

Segundo, la persona migrante en un país como los EUA tiene que adaptarse a la sociedad y la nueva cultura en la que vive, sin dejar de conservar su propia cultura, tradiciones, idioma, valores y costumbres. Una persona migrante tiene la virtud de ser bicultural, porque sabe vivir en dos culturas. Pero, tenemos que respetar a los oficiales del orden, respetar las leyes de transito y todas las demás. Hay que pagar los impuestos sin excusas. Hay que mandar a nuestros hijos e hijas a la escuela sin excusa. Hay que esforzarnos para aprender el inglés poco a poco, porque es muy necesario para trabajar y reclamar cuando se aprovechan de nosotros porque no hablamos el idioma. Hay que abrir nuestra mente a la nueva sociedad y cultura. La Biblia dice: “Procuren la paz de la ciudad a donde los he hecho traspasar y rueguen por ella al Señor, porque en su paz ustedes también tendrán paz” (Jer. 29,7).

 

Tercero, la persona migrante indocumentada, esté sola o con su familia, tiene que estar preparada en caso de una detención y proceso de deportación. Los inmigrantes indocumentados muchas veces tenemos cuentas en el banco, y/o estamos comprando una casa, y/o un carro, y/o tenemos algún pequeño negocio. Tenemos que hacer los arreglos necesarios para no perder los bienes en los cuales hemos invertido nuestro dinero, para que alguien de absoluta confianza los venda y nos envíe el dinero a nuestro país. Más importante aún, hacer los arreglos legales para que nuestros hijos e hijas no queden desamparados, sino bajo la custodia de alguien de absoluta confianza. Por esto, es necesario hablar PREVIAMENTE con un abogado para hacer los arreglos legales y no perder a nuestros hijos e hijas, ni nuestra inversión. Los abogados nos indicaran los documentos legales para prepararnos ante esto.

 

Cuarto, la persona migrante tiene que vivir respetando las leyes y guardando una buena conducta, laboral, social y familiar. Tener un record criminal limpio nos favorecerá en gran manera si somos detenidos por alguna razón. Además, en el caso de un Reforma Migratoria, si tenemos un record criminal (violencia familiar, delitos de abuso sexual, robos y asaltos, no pagar impuestos, comercio de drogas, etc.) no nos ayudará a ser migrantes deseados. De nosotros depende mantener un record criminal limpio. Creo firmemente, que Dios nos ayudará en los momentos difíciles, pero nosotros tenemos que hacer nuestra parte en ello (Sant. 2,14). Que cada uno de nosotros seamos sabios para vivir como personas de bien y que contribuya para el bien de la sociedad en la que vivimos.

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