Cuatro facetas de la vida del pastor (a)

La vida del pastor (a) tiene varias facetas a cuidar. En esta reflexión veremos cuatro facetas desde la perspectiva del Evangelio de Juan (21,1-19), Lucas (4,38-39; 5,1-11) y 1 de Juan. 3.

 

Un supuesto que es necesario aclarar es que no podemos resolver los problemas familiares de manera individual, sino que los demás juegan un papel indispensable en la solución. Como personas de fe, creemos que Cristo también juega un papel importante en la solución.

En primer lugar, tenemos que revisar nuestra propia vida personal. Esto es más que una simple introspección. Es más que una mirada íntima hacia dentro. Es una mirada sincera “en Cristo”, a cara descubierta (1 Jn. 3,2); “a través de Cristo”, que es la fuente de la conciencia cristiana (1 Jn. 3,20-21); “hacia Cristo”, que es nuestra proyección y futuro, hacia donde apuntamos (1 Jn. 3,3).

La mirada honesta (auténtica) a nosotros mismos tiene que ser hecha en libertad, de forma voluntaria. La revisión de la vida personal como pastores es esencial para la higiene espiritual.

En segundo lugar, tenemos que cuidar a nuestra familia (a la pareja, los hijos e hijas, suegros, etc. (Lc. 4,38-39). Lucas relata como Jesús entra a la casa de Pedro, donde vivía también su suegra. Ella tenía fiebre y le rogaron que la sanara, lo cual Jesús hizo. Luego ella les servía. El texto nos enseña que los líderes de la Iglesia tenemos que cuidar, no pastorear nuestra casa. Los esposos necesitan en casa a una buena esposa, a un buen esposo. Los esposos no se casan con un pastor o pastora para que lo pastoree, sino porque aman a la persona como pareja. Los pastores a veces nos equivocamos en este punto, al querer funcionar como pastores en la casa. Somos pastores en la Iglesia y en la casa somos esposos, padres, yernos, etc. Es necesario que seamos buenos miembros de la familia, que contribuimos a su unidad y armonía.

En tercer lugar, tenemos que cuidar nuestro trabajo en la Iglesia, sea una congregación, un (a) presbiterio/diócesis/distrito/conferencia y la denominación (Jn. 21,:3-4). Pedro como pescador trabajaba con otros pescadores. Él tenía un equipo completo (7 pescadores). Él era un hombre ocupado. Los pastores, que trabajamos en una congregación tenemos que cuidar nuestra relación con la parroquia, el presbiterio/diócesis/distrito/conferencia y la denominación. Tenemos que dedicar nuestras horas correspondientes de trabajo y cuidar también nuestra salud emocional y nuestro tiempo personal, para dedicarlo a la familia y al descanso. El amor y la entrega pastoral tiene que ir acompaña con la sabiduría y moderación de nuestros derechos como trabajadores (al descanso, al sueldo digno, etc.).

En cuarto lugar, tenemos que cuidar nuestra vocación pastoral (Jn. 21,13-17). Juan presenta un cuadro en el relato casi idéntico al cuadro cuando Pedro fue llamado por Jesús (Lc. 5,1-11). El lago de Galilea, el fracaso de la pesca, la pesca milagrosa con Jesús, Pedro de rodillas y la contrición de Pedro. En ese mismo cuadro, Pedro es por su amor: a) si ama a Jesús más que su trabajo de pesca y más que a su equipo de pescadores; y, b) si ama a Jesús más que a cualquier otra persona o cosa. Pedro es llamado nuevamente a apacentar, a pastorear las ovejas de Cristo, con la actitud correcta, que es el amor y con la perspectiva correcta que Cristo.

Que cada pastor pueda seguir a Cristo (antes que a la institución/organización), que cuide a su congregación por amor (y no por conveniencia material). Que cada pastor pueda crecer cada día en el cuidado y atención a estas cuatro facetas de nuestra vida diaria.

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